La huella indeleble de Antonio Pasquali, director del CRESALC

Antonio Pasquali por Oscar Lucien
Antonio Pasquali retratado por Oscar Lucien

Defensor de la pluralidad y de la diversidad de identidades, Antonio Pasquali se consideraba un “sacerdote de la UNESCO”, siempre fiel al preámbulo de su estatuto que reza: “el organismo debe trabajar para mantener y conservarle a la humanidad la fecunda diversidad de las culturas”, como indicó en una de sus últimas entrevistas. El escritor, filósofo y comunicólogo no solo tuvo una destacada carrera en la sede de la UNESCO en París, sino que fue el tercer director del Centro Regional de Educación Superior en América Latina y el Caribe (CRESALC), ahora Instituto Internacional de la Educación Superior para América Latina y el Caribe (IESALC).

El 5 de octubre a las 5.19 am la periodista venezolana Milagros Socorro anunció por la red social Twitter el fallecimiento de Antonio Pasquali en la ciudad de Reus, Cataluña, España. Acababa de cumplir 90 años junto a sus hijos y familiares. Al día de la publicación de esta nota, el tuit de Socorro cuenta ya con 1.300 retuiteos. Era de esperar la avalancha de respuestas para despedir al referente que fue Pasquali para varias generaciones de comunicadores de América Latina, gracias primordialmente a las ideas plasmadas en Comunicación y Cultura de Masas, libro escrito en 1963, en el que problematiza la manera de entender la comunicación y la información así como el poder de los medios.

Sin embargo, la velocidad de las comunicaciones 2.0 dibujan en este siglo un paisaje muy distinto al de los años 60, que Pasquali supo analizar en textos y entrevistas: “La red se está convirtiendo en soporte básico de la democracia a nivel mundial (…) Internet ha realizado la utopía del todos emisores, y de una conquista así no se vuelve atrás. En el futuro próximo nos tocará luchar para que no se nos confisque ese vital espacio de libertades,” comentó a Socorro en entrevista publicada en Revista XXI, el 21 de julio de 2006.

Un perfil de Pasquali realizado por el periodista Alonso Moleiro hace un paneo por su formación como filósofo en la Universidad Central de Venezuela, hasta su paso por La Sorbona, Florencia, Oxford y Cambridge, y su posterior regreso a la Universidad Central de Venezuela, para asumir la Cátedra de Filosofía Moral de la Escuela de Filosofía —de la cual fue director— y en la Escuela de Comunicación Social, en la cual fundó la Cátedra de Estudios de la Teoría de la Comunicación. “el discurso de Pasquali fue abandonando con los años su sesgo marxista para ir evolucionando hacia la apasionada defensa de la libertad como criterio civil y componente fundamental del hecho comunicacional, a partir de una muy aguda interpretación de la tecnología como fenómeno social”, dice el artículo publicado en El País.

En 1974 fundó el Instituto de Investigaciones de la Comunicación (ININCO) de la Universidad Central de Venezuela y coordinó el Proyecto Ratelve, una propuesta de política de radiodifusión que impulsaba un modelo competitivo, complementario y planificado de radio y televisión pública. En esta misma época, en julio de 1978, Arturo Uslar Pietri, Delegado Permanente de Venezuela ante la UNESCO, le informa que el Consejo Ejecutivo lo había designado Subdirector General Adjunto del Sector de la Cultura y Comunicación de esa organización internacional en su sede en Paris.

En 1983 es nombrado Subdirector General del Sector de Comunicación e Información de la UNESCO, cargo que ocupa durante dos años y medio, y en 1986 queda a cargo del Centro Regional para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (CRESALC, ahora IESALC) con sede en Caracas, hasta el año 1989. Sus compañeros de trabajo recuerdan su humildad, su verbo culto, su gusto por los chocolates -que él mismo confeccionaba para regalar en Navidad- así como sus llegadas a la oficina en Vespa, y su fidelidad hacia sus compañeros de trabajo, con quienes siempre mantuvo contacto. Para el Instituto fue un honor haber contado con su criterio experto durante ese periodo.

Pasquali promovió la Unión Latinoamericana y del Caribe de Radiodifusión (ULCRA, 1985) y el desarrollo del Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (NOMIC, 1970), y participó en la gestación de la Asociación Latinoamericana de Investigadores en Comunicación (ALAIC, 1978): «Su palabra nos acompañará por siempre, porque su labor trascendió las rutinas y los compromisos de época y se engarzó con los más sublimes empeños por desentrañar el mundo que le tocó vivir, la sociedad y la cultura», indica el sitio Web de la ALAIC en nota póstuma.

El brasileño Marco Antonio Rodrigues Días, ex director de la División de Educación Superior de la Unesco (1988-1991), recuerda que se conocieron en los años 70: “Antonio Pasquali fue uno de los grandes de los estudios de comunicación en América Latina en los años setenta. Lo conocí cuando yo era coordinador del curso de comunicación de la Universidad de Brasilia, entre 1970-72. Juntos defendíamos un nuevo orden mundial de la comunicación. Era un hombre brillante, un individuo extraordinariamente dotado, inteligente, competente, dueño de una personalidad muy fuerte (…) un entusiasta de la utilización de la comunicación para el beneficio de la sociedad en su totalidad”.

Sobre su visión de la comunicación explicó a Jesús Piñero que, al dar el salto del pensamiento filosófico-moral al comunicacional, comenzó a ver y a pensar la comunicación desde el ángulo de la moral, de la presencia del otro; “y todavía hoy, que tengo 90 años y ando sin voz, denuncio la insuficiencia y la imperfección de un concepto hoy muy ventilado, el de libertad de expresión (…) hay que defender la libertad de expresión con la misma fuerza con la que debemos defender la libertad de recepción, que es tan importante como la primera,” como reseña en nota publicada en El Estímulo.

Raul Trejo Delarbre, investigador mexicano, lo recuerda en un texto publicado para Crónica como un “promotor de la comunicación como recurso indispensable de la democracia” que estudió a los medios desde la filosofía y para comprender sus implicaciones sobre las personas y sus contextos; “con obsesiva minuciosidad recabó cifras sobre el desarrollo de la comunicación en América Latina; con permanente capacidad de asombro pasó del estudio de la prensa y la televisión al entusiasmo crítico por internet”. Rescata en particular su paso por México en el año 2013, cuando la Asociación Mexicana de Derecho a la Información y la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM le rindieran un homenaje. “En cada visita Pasquali se tomaba el tiempo para ir al mercado a comprar especias mexicanas. La creatividad intelectual la extendía a una gozosa afición gastronómica”.

Intelectuales venezolanos también lo despidieron por la red social twitter, entre ellos Luis Barrera Linares: “Firme, recto, correcto, vertical, eso fue don Antonio Pasquali. Como para no olvidar sus lecciones de ciudadanía, su pasión por los hechos del lenguaje”; y Alberto Barrera Tyszka: “También hay que celebrar que Antonio Pasquali eligió ser venezolano, que nos dio el lujo y la maravilla de ser uno de/con nosotros, que nos regaló una vida llena de inteligencia, de inquietud y de solidaridad”.